Traducido por: Tres Daos para la web Catharis y Biblio Panda.
Capítulo 433
Capítulo 433
Las casas eran miserables, las calles estrechas.
Los techos se veían especialmente opacos, y una sombra invisible parecía cernirse sobre todo el distrito.
De un vistazo, Zeon comprendió dónde estaban.
Era el equivalente de El Harun a los barrios bajos de Neo Seúl.
Neria le preguntó a Jupiro:
—¿Qué lugar es este?
—Esta es la calle Uron.
—¿La calle Uron?
—Un distrito nombrado en honor a San Uron.
Al mencionar a Uron, el rostro de Jupiro se iluminó con respeto.
Y con razón: Uron era uno de los elfos más venerados en El Harun.
Aquí, donde la desconfianza entre humanos y otras razas era profunda, él solo brindaba amor y bendiciones sin discriminación.
Como Zeon supuso, allí se reunían los pobres de El Harun.
No todos vivían en igualdad.
Dependiendo de la raza, dependiendo del poder, las vidas diferían enormemente.
Aquellos sin fuerza, sin familia, huérfanos, enfermos al borde de la muerte, todos vagaban hasta aquí, a la calle Uron.
El Uron del que hablaba Jupiro era un elfo.
Un alto elfo, anciano, que había cruzado desde Kurayán.
Sus habilidades eran excepcionales, su carácter noble.
Aunque podría haber vivido cómodamente cerca del Árbol Mundial con los suyos, eligió en cambio residir aquí, entre los más humildes, dedicando décadas a cuidarlos.
Acogía huérfanos, curaba a los enfermos y dedicaba su vida al servicio.
Los niños criados bajo su cuidado crecían hasta convertirse en adultos de bien y regresaban a sus distritos.
Los enfermos encontraban su fin sin sufrimiento.
Todos respetaban a Uron.
No solo los pobres de los barrios bajos, sino todos en El Harun.
Neria preguntó:
—¿Cuántos años tiene este Uron?
—No menos de trescientos, diría yo.
—¿Trescientos? Bastante longevo.
—Él cruzó desde Kurayán.
Los elfos superaban en longevidad a los humanos, pero no por tanto.
Doscientos a doscientos cincuenta años era el límite.
Trescientos años convertían a Uron en excepcionalmente longevo, incluso para un elfo.
Neria señaló hacia una casa en particular.
—¿Esa es su casa?
Parecía ordinaria, sin diferencias con las demás.
Solo un poco más grande, un poco más limpia. Nada más.
Sin embargo, Neria la había señalado con precisión.
Jupiro la miró, sobresaltado.
—¿Cómo lo supiste?
—Entonces lo es.
—¿Has estado aquí antes?
—No. Solo parecía ser así.
Sus ojos, fijos en la casa de Uron, eran fríos.
Jupiro sintió un escalofrío recorrerle la columna.
Neria comenzó a caminar hacia ella.
—Debo verlo.
—Espera. Detente. No puedes irrumpir así como así.
Jupiro intentó bloquearle el paso, pero ella lo ignoró y siguió caminando.
Finalmente, le sujetó la muñeca.
—Te dije que te detengas. No tienes derecho a entrar.
—¡Sí lo tengo!
—…¿Qué?
—Heredé el trabajo de Derod.
—¿Derod? ¿Acabas de decir… Derod?
Los ojos de Jupiro se abrieron ante el nombre que no esperaba.
—Por eso tengo el derecho, ¡muchacho!
—¿Qué relación tenías con Derod? No me digas que tú—
—¡Silencio!
En un instante, la boca de Jupiro se cerró.
—¡Mmf!
Una fuerza invisible le trabó la mandíbula y congeló sus extremidades. No podía moverse.
Neutralizando a Jupiro sin esfuerzo, Neria se volvió hacia Zeon.
—¿Tú también me detendrás, Zeon?
—No.
—Ya lo sabías, ¿verdad? Quién soy.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué no se lo dijiste?
—Porque aquí también soy un extraño.
—¿Un extraño? …Qué palabra tan solitaria.
Una expresión solitaria cruzó su rostro.
Zeon sostuvo su mirada con firmeza.
—Solo aquí soy un extraño. En Neo Seúl, soy ciudadano de pleno derecho. Incluso tengo un hogar allí.
—Quiero verlo. Neo Seúl.
—Entonces ve.
—¿Puedo?
—¿Qué tiene de difícil? Solo vas.
—Para alguien que pertenece a este mundo, quizá no sea difícil.
—Neria.
—No tienes que consolarme. Lo sé bien: soy como una impureza en este mundo.
Le sonrió a Zeon.
Y la soledad en su rostro desapareció.
Caminó hacia la casa de Uron.
Zeon observó su espalda por un momento, luego la siguió en silencio.
No había puerta en la casa de Uron.
Nunca había construido una, así que cualquiera podía entrar libremente.
En el patio, los niños jugaban: elfos, bestiarios, incluso humanos.
Sus ropas eran miserables, pero sus rostros florecían en risas.
En el centro del patio, un anciano elfo descansaba en una mecedora de mimbre, observándolos con una sonrisa amable.
Ese elfo era Uron.
—Je, je.
Sintiendo a los visitantes, Uron giró la mirada hacia la entrada.
Dos figuras entraban: un hombre humano y una elfa oscura con piel que brillaba como perla negra.
El hombre apenas registró.
Lo que llenó su visión fue la mujer: la elfa oscura.
Espeso cabello negro, ojos grises y piel como la noche.
Los párpados de Uron se contrajeron. Neria lo notó.
—Pareces emocionado.
—¿Qué tontería es esta? Nunca te he visto antes, ¿y sin embargo sueltas esas palabras?
Torpe, Uron les dijo:
—Disculpenme. Ustedes, pequeños, vayan para allá.
—¡Sí!
—Está bien.
Aunque sobresaltados, obedecieron sin quejarse.
Mientras Neria se acercaba, dijo en voz baja:
—Niños puros. ¿Así que aún no los has tocado, verdad?
—¡Cómo te atreves—!
Uron se levantó bruscamente de su silla, y una oleada de presión estalló desde él.
Los humanos se debilitan con la edad, pero los elfos y bestiarios solo se vuelven más fuertes.
Trescientos años habían vuelto el aura de Uron abrumadora.
Pero la expresión de Neria no vaciló mientras se acercaba.
Preguntó:
—¿Recuerdas a Brulla?
—…¿Cómo sabes ese nombre?
Los ojos de Uron se contrajeron de nuevo.
—Era hermosa. Especialmente sus ojos: joyas azules que brillaban cuando sonreía. Todos amaban a esa niña.
—No sé de qué deliras. Si no te detienes, no me contendré.
—¿No te contendrás?
En respuesta, Uron levantó la mano.
De la casa salieron varios hombres grandes y musculosos.
Zeon los reconoció de inmediato.
De huesos mucho más grandes que los humanos, con ojos feroces—
—Bestiarios.
Rodearon a Zeon y Neria.
Neria arrugó la nariz.
—El hedor de bestias. ¿Nunca se lavan?
—¡Mejor vete mientras lo digo amablemente, elfa oscura! —rugió el más grande de ellos.
Pero Neria lo ignoró, mirando fijamente a Uron.
—Bestiarios, en casa de un elfo. Realmente el mundo ha cambiado.
—¿Qué estás diciendo, elfa oscura?
—¿No lo sabes? ¿Qué tan sucias deben ser tus acciones, para que los elfos necesiten bestiarios que limpien tus desechos?
El rostro de Uron se endureció como piedra.
La máscara benévola había desaparecido. Sus facciones estaban ahora impregnadas de intención asesina.
Neria rió.
—Sí. Eso te queda bien. Las bestias deberían llevar rostros bestiales.
—¡Di tu nombre, elfa oscura!
—Mi nombre es Neria.
—Neria. ¿Qué relación tienes con Brulla?
—Ninguna en absoluto.
—Entonces, ¿por qué pronuncias su nombre? ¿Sabes qué fue de ella?
—¿Por qué no lo sabría? La codiciaste, luego la arrojaste a tus bestias mestizas para borrar las pruebas.
—¡Basta!
El grito de Uron sacudió el patio como un trueno.
Se volvió hacia uno de los bestiarios.
—Activa la barrera.
—¡Sí, anciano!
Al instante, un escudo azul oscuro envolvió la casa.
Una fría sonrisa se dibujó en los labios de Neria.
—El culpable siempre se esconde tras velos.
—Quienquiera que seas, no saldrás viva de aquí.
—Matarme aquí te causará no pocos problemas.
—¡Ja! ¿Quién parpadearía por la muerte de una elfa oscura? Este lugar es mi reino.
Extendió los brazos.
Y no era mentira.
La calle Uron era su reino.
Un elfo de trescientos años, honrado y admirado.
Tanto elfos como bestiarios lo veneraban.
Confíaban en él, nunca cuestionaban su dominio aquí.
Era absoluto.
Los altos elfos lo protegían. Los bestiarios temían tocarlo.
Y así—
—Estás caído. Tu virtud se torció en deseo. Tu corazón puro dejó solo malicia.
—¿Qué sabes tú, cría de elfa oscura? Este mundo no tiene esperanza.
—¿Esperanza?
—¡Sí! Mira esto. Cruzamos a la Tierra esperando el paraíso. En cambio, páramos enterrados en arena nos esperaban. Construimos esta ciudad, sí, pero eso es todo. Somos invitados no deseados en este mundo. Del Roa y el consejo parlotean sobre restauración, pero todos sabemos que es mentira. E incluso si el mundo se restaurara, ¿quién de nosotros vivirá para verlo?
—¿Y eso justifica tus crímenes?
—¿Qué crímenes he cometido? Loca, dices tonterías.
—Atrajiste a niños, Brulla entre ellos. Los sedujiste con palabras melosas. Luego, para ocultar tus pecados, los alimentaste con las profundidades…
—¡Basta!
Volvió a rugir, pero Neria continuó:
—…con la progenie de tu crimen.
—¡Maldita!
Uron lanzó una enorme bola de fuego contra ella.
¡Cuaaam!
La llama abrasadora se estrelló contra ella.
Al verla envuelta, Uron dijo:
—Ese es el precio de una lengua imprudente. Tanto para elfos como para humanos, la ruina siempre comienza con la boca.
Estaba seguro de que su hechizo la había herido gravemente.
Él era, después de todo, el equivalente a un despertado de rango A entre los humanos.
Cada golpe llevaba una fuerza terrible.
Pero desde dentro del resplandor, la voz de Neria resonó clara:
—¡Pagarás por tus pecados, viejo elfo!
Los ojos de Uron se abrieron de par en par.
De las llamas emergió una visión imposible.
—¿Una… serpiente?
Una enorme serpiente se retorcía dentro del fuego, sus fauces fantasmales llenando su visión.
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La traduccion es del ingles al espanol, son varios lo que revisan los capitulos asi que puede que algunos nombres se cambien, para notificar sobre esto hacerlo en el discord:https://discord.com/invite/G5dyVECCym
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