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Arenomante del Desierto Abrasador - Capítulo 294

Traducido por: Tres Daos para la web Catharis y Biblio Panda.

Chapter 294

[Corrector – Dios Demonio]

Chapter 294

Un hombre bajo, con la capucha bien ajustada, refunfuñó.

—Vaya, saben armar un gran revuelo por una ceremonia de despedida. Humanos, siempre digo, atraídos por el derroche innecesario.

—Gracias a eso, toda la atención está en ellos. Eso nos viene bien, ¿no?

El hombre alto que caminaba a su lado soltó una risita al responder.

Uno era tan bajo que su cabeza apenas llegaba al pecho de un adulto, pero sus hombros eran anchos y robustos. El otro era un gigante, al menos dos cabezas más alto que la mayoría de los adultos.

Era una pareja extraña, por decir lo menos.

Los dos acababan de regresar de ver la ceremonia de despedida de la expedición a la Mina de Piedras de Maná.

No habían ido a propósito a verla, fue una mera coincidencia.

Casualmente, el día que llegaron a los barrios bajos coincidió con la partida de la expedición.

El alto le dio una palmada en el hombro al bajo mientras caminaban.

—Aun así, nos dieron un buen espectáculo. ¿Cuándo más veremos algo así?

—Hum, solo un montón de humanos patéticos haciendo un show.

—Y sin embargo, son esos mismos humanos los que construyeron esta civilización.

—¡Bah! Danos los mismos materiales y nosotros podríamos construir una ciudad así en un santiamén.

—Lo sé, lo sé. Con las hábiles manos de los orgullosos Enanos, esta clase de ciudad sería pan comido.

—¡Hum!

El ánimo del hombre bajo pareció mejorar con las palabras del alto, y soltó un resoplido de satisfacción.

El hombre bajo no era humano, era un Enano.

Se llamaba Etley.

A sus cuarenta y tantos años, empuñaba un enorme martillo de guerra como arma predilecta.

El hombre alto se llamaba Bucksher.

Amigo de Etley, Bucksher tenía un rostro tosco y una abundante capa de vello que le daba una apariencia distintiva.

Etley y Bucksher mantenían sus capuchas bajas mientras caminaban por los barrios bajos.

Incluso sin las capuchas, era poco probable que alguien los reconociera, pero tomaban precauciones de todas formas.

Tenían demasiados pecados a sus espaldas como para descuidarse.

Si alguien los reconocía, sería un problema.

Entonces, como si algo le hubiera venido de repente a la mente, Etley habló.

—Creo que vi a una chica familiar hace un rato.

—¿Una chica?

—Sí, la he visto antes en algún lado, pero no logro ubicarla.

—¿Qué clase de chica?

—Llevaba un sombrero puntiagudo. Su figura me pareció… conocida.

—¡Ja! Hay muchas chicas que encajan con esa descripción. Deja de darle vueltas y concéntrate en lo que tenemos delante.

Ante la reprimenda de Bucksher, Etley hizo una mueca. Pero sabiendo que el otro tenía razón, no discutió más.

Eran forasteros, no pertenecían ni a Neo Seúl ni a los barrios bajos.

Aunque los barrios bajos estaban abiertos a todos, valía la pena ser cautelosos.

Por suerte, la atención del público estaba desviada hacia la expedición a la Mina de Piedras de Maná, así que nadie les prestaba mucha atención.

Gracias a eso, llegaron a su destino sin contratiempos.

Se detuvieron frente a un pequeño bar escondido en una parte apartada de los barrios bajos.

El letrero sobre la puerta mostraba un martillo y una espada cruzados.

¡Toc, toc!

Cuando llamaron, la puerta se abrió con un chirrido y alguien asomó la cabeza.

Era una mujer de llamativo cabello rojo y una piel tan pálida que parecía casi translúcida.

Miró a los dos hombres y preguntó.

—¿Sí?

—¿Cómo que “sí”? Tú nos llamaste aquí.

—¿Y cómo sé yo eso?

—¡Maldición! ¿Acaso crees que es la primera vez que hacemos esto? ¿Tenemos que pasar por este ritual cada vez?

Etley saltó frustrado.

—Solo responde la pregunta.

—Maldita sea… Soy Etley de Helbrin.

Etley levantó la muñeca, mostrando un brazalete.

El brazalete tenía grabados intrincados, con una gema negra incrustada en el centro.

¡Bip!

La mujer escaneó la gema con un dispositivo, y el rostro y la información de Etley aparecieron en la pantalla.

—Está en orden. Ahora, el otro, identifícate.

—Bucksher de Helbrin.

Bucksher también llevaba un brazalete idéntico, y al ser escaneado, sus detalles aparecieron.

Tras confirmar sus identidades, la mujer abrió la puerta de par en par.

—Soy Romina, del Distrito Norte.

—¿Romina?

—Como pueden ver, soy una Elfa.

Romina se levantó un poco el cabello rojo, revelando sus orejas puntiagudas.

Al ver su verdadera identidad, Etley sonrió con suficiencia.

—Siempre es agradable ver a alguien de la tierra natal.

—Técnicamente, no es mi tierra natal. Nací aquí.

—No seas tan rígida. Al fin y al cabo, mismas raíces.

—Basta de charla. Entren ya.

—Je.

Esbozando una sonrisa pícara, Etley entró al bar, seguido de Bucksher.

Dentro, Bucksher miró a su alrededor.

El bar estaba extremadamente deteriorado.

No era “vintage” de una manera encantadora; estaba tan deteriorado que uno dudaría de que funcionara como negocio.

De hecho, no había ni un solo cliente a la vista.

Romina les hizo un gesto para que se sentaran y dijo.

—Es un bar de verdad. Solo lo despejamos cuando hay negocios que atender.

—Entonces, ¿las bebidas también son de verdad?

—Por supuesto. ¿Quieren un poco?

—¿Por qué no? Una cerveza fría suena genial.

—Como gusten.

Romina sonrió y sirvió cerveza de un barril, entregándosela a Etley.

Etley se la bebió de un trago.

—Ahh, no está mal. No es un brew de Kuray, pero sirve.

—Qué curioso cómo hablas como si hubieras probado cerveza de Kuray, considerando que naciste aquí.

Romina le rellenó el vaso, y Etley lo hizo girar mientras hablaba.

—Con solo decirlo ya le da el ambiente. En fin, ¿cuál es el trabajo esta vez?

—Hay un trabajo, obviamente, o no los habría llamado.

—Sí, sí, pero ¿de qué trata el trabajo?

Romina esbozó una leve sonrisa y respondió.

—Si no, ¿para qué llamaríamos a cazadores de humanos? Para cazar humanos.

—¿Qué clase de humanos?

—Eso no es asunto tuyo. Necesitamos gente sin ataduras.

—¿Cuántos?

—Alrededor de cien.

—¿Cien? ¿Por qué no simplemente atraparlos de los barrios bajos? Eso sería mucho más fácil.

—Dije sin ataduras. ¿Tengo que deletrearlo? Sin cabos sueltos.

—Entendido. Limpio y silencioso.

—Ahora lo entiendes.

—Cien, eh… Hablaré con el jefe, pero no será fácil.

—¿Por qué no?

—Últimamente, es difícil conseguir mano de obra.

Romina frunció el ceño ante sus palabras, sintiendo una excusa.

—¿Tan bajo han caído los mercenarios de Helbrin? ¿Ya no pueden ni con cien humanos?

—Las cosas han cambiado en el desierto. El panorama ya no es lo que solía ser.

—¿De qué hablas?

—Apareció de la nada una colonia llamada Fortaleza de Hierro. El dueño es un antiguo carroñero como nosotros, pero ahora que tiene su propio territorio, está persiguiendo a los demás. Ya no podemos operar cerca de allí.

Los mercenarios de Helbrin eran carroñeros.

Su principal oficio era cazar humanos en el desierto, despojarlos de sus pertenencias y venderlos como esclavos.

¿Y el mercado más grande de esclavos? Neo Seúl, donde operaba la propia Romina.

La voz de Romina se volvió cortante.

—¿Eso significa que no pueden hacerlo?

—No exactamente…

—Entonces, ¿cuál es el problema?

—Je.

Etley respondió imitando el gesto de contar dinero.

—¡Ugh! ¿Cuánto más quieren?

—Queremos armas. Las que Neo Seúl ha estado desarrollando.

—Ni hablar. Es demasiado arriesgado. Si el Ayuntamiento se entera, estamos muertos.

—Allá tú. Nosotros no perdemos nada con retirarnos de esto.

Romina fulminó con la mirada a Etley, que bebía su cerveza con indiferencia.

Después de un tenso momento, golpeó la mesa.

¡Bang!

—Está bien. Pero asegúrense de que sea limpio. Si hay alguna repercusión, estarán acabados.

—No te preocupes. En esto somos buenos.

—Tienen diez días para traer a los cien.

—Claro.

—Entonces me retiro.

—Terminaremos nuestra cerveza antes de irnos.

Mientras Etley llevaba a sus labios su jarra coronada de espuma, Romina le lanzó una mirada antes de salir.

Cuando estuvieron solos, Bucksher habló con cautela.

—¿Estuvo bien decidir sin preguntar al jefe?

—El jefe me lo agradecerá.

—Pero ¿dónde vamos a encontrar cien esclavos? La Fortaleza de Hierro ha secado los terrenos de caza.

La preocupación de Bucksher era evidente.

En circunstancias normales, atrapar cien esclavos no era difícil.

Tenían registros de pequeñas aldeas en su territorio a las que podían atacar. Pero con la gente migrando a la Fortaleza de Hierro, sus presas se habían vuelto escasas.

Etley descartó la preocupación.

—Si no hay caza, cazaremos aquí.

—Pero ella dijo específicamente sin ataduras—

—¿Quién en los barrios bajos tiene ataduras? Si desaparecen cien, nadie lo notará.

—¡Etley!

—Cállate y bebe tu cerveza. Ustedes los Licántropos son unos cobardes.

A pesar del tono despreocupado de Etley, la expresión de Bucksher seguía sombría, lo que hizo que Etley chasqueara la lengua con fastidio.

—¡Tsk!

* * *

Después de llevar a Brielle a casa, Zeon caminó solo por las calles.

—Bestias y Enanos, eh…

Zeon no tomó a la ligera las palabras de Brielle.

Ella tenía buen ojo y una memoria excelente.

Si decía que reconoció algo, había muchas probabilidades de que fuera significativo.

Si los que vio se parecían a sus captores, valía la pena investigarlo.

Por eso Zeon ahora caminaba solo por los barrios bajos.

Las calles seguían alborotadas por la partida de la expedición.

Muchos mirones que se habían reunido para la ceremonia aún merodeaban.

Zeon no esperaba encontrar fácilmente a los dos que Brielle mencionó, pero la vida a menudo funciona de maneras impredecibles.

Registró el área donde habían desaparecido, recorriendo cada calle, pero no encontró rastro de ellos.

—Parece que entraron a algún lugar cerrado.

Lamentablemente, parecía que la búsqueda de hoy terminaría en vano.

Si de verdad estaban conectados con los captores de Brielle, se mostrarían tarde o temprano.

—Esta ciudad nunca tiene un día tranquilo, ¿verdad?

Justo cuando Zeon pensaba que podría disfrutar de un poco de paz, los problemas lo encontraron de nuevo.

¡Pum!

Mientras reflexionaba sobre esto, alguien chocó contra su hombro.

Zeon se disculpó.

—Ah, lo siento. No estaba prestando atención—

—¡Hum! Mira por dónde caminas.

La mujer con la que chocó le espetó.

Tenía un cabello rojo llameante y un rostro llamativamente hermoso, pero su mirada insinuaba un mal humor.

Tras fulminarlo con la mirada brevemente, se marchó.

Zeon se giró para observar su figura que se alejaba, no por su enfado, sino porque algo en ella le parecía familiar.

Después de devanarse los sesos, finalmente lo recordó.

—Ah, ¡eso es! La vi con Eli.

Cuando Damian usó la Corona del Rey de los Espíritus para atraer a los Elfos del norte, ella estaba al lado de la Reina Araña Eli.

Aunque parecía que ella no reconoció a Zeon, él ciertamente la reconoció a ella.

La traduccion es del ingles al espanol, son varios lo que revisan los capitulos asi que puede que algunos nombres se cambien, para notificar sobre esto hacerlo en el discord:https://discord.com/invite/G5dyVECCym

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